domingo, 8 de marzo de 2015

Ya llegamos?

Bienvenidos a una edición más de su revista W-time, es un gusto enorme que continúen leyendo nuestros artículos. En esta edición les traigo un tema muy interesante y divertido, el hermoso transporte público con el que contamos en la ciudad de Hermosillo, que a pesar de que nos llevamos quejándonos de este no podríamos vivir ni un solo día sin él. Y es que sus rutas llegan hasta el último rincón de Hermosillo, como no queremos que se tarde tanto, aunque es exagerado en algunas ocasiones el tiempo que puedes durar esperando un camión, tiempo suficiente para leer un buen libro o tejer una bufanda. Y después de que ya terminaste bufanda y media vez como el camión se aproxima, tu rostro es iluminado por una gran sonrisa y conforme este se aproxima te das cuenta de dos cosas: que no es tarde es extremadamente tarde y el camión no viene lleno viene tirando gente por las ventanas; es aquí cuando tu sonrisa se cae poco a poco y empiezas a pedirle a toda la corte celestial que el “amable” conductor se pare. Te alcanzas a subir a camión, si se puede decir que estas arriba pues bienes en el último escalón de la puerta de atrás, ahí donde tienes que sumir la pansa para que la puerta no te agarre la espalda. Aunque vayas ahí tú estas feliz de que al fin ya estés arriba del camión, por que como da coraje que el camión se vaya de largo y te deje ahí parado en la calle, en ese momento quieres tener al chofer enfrente y recordarle a su queridísima madre. Pero hay que entender si este no te recoge es por tu seguridad pues ellos saben hasta donde le van a meter a su camión. Bueno una vez arriba el camión, descubres que has entrado a Narnia o alguna tierra escondida, pues es un mundo diferente son un sinfín de historias las que ocurren arriba del camión, desde el payaso que va contando chistes, el que va a cantando con su guitarra o el que no quiere molestarte pero le gustaría que le compres lo que está vendiendo, es todo un mercado que si no sabes que vas a llegar a hacer de comida a tu casa de seguro ahí mismo en el camión puedes completarlo. Bueno al fin parece que ya vas a poder moverte de ir en el último escalón de la puerta de atrás y logras ir parada en el fondo del camión agarrado con todas las uñas que tienes por que el energúmeno del chofer ya se dio cuenta de que va retrasado y no se apura, se cree rápido y furioso y las calles de Hermosillo parecen pista de carrera pues literal se va matando y tu asustado pues vas parado y cualquier frenoncito es suficiente para que tu cuerpo llegue y se replane con el de la señora que va dormida con la boca abierta recargada en la ventana del camión. Así que tratas de mantener el equilibrio lo más que puedes, pues piensas que casi llegas a tu destino, pero en cuestión de segundos el camión se vuelve a llenar, y te das cuenta que empiezan a invadir tu espacio y vez gente por todos lados, es aquí cuando escuchas la famosa frase del chofer de “váyanse recorriendo” y tú te preguntas pero a donde me voy a recorrer si ya no tienes más espacio y este vuelve a repetir “váyanse recorriendo” y tu entras en pánico pues ya casi terminas de calcomanía hasta el fondo y entras en pánico porque ya te tienes que bajar y la señora que trae al bebe y la carriola y la canasta de duros que vende no te deja pasar. Y empiezas a gritar bajan, bajan, bajan, como un loco y el chofer se para, pero la gente no se mueve y puedes ser lo más amable del mundo y la gente no se mueve y el chofer pensando que ya te bajaste pues continua su ruta y tú quieres llorar porque ya se te paso tu parada y ahora si la gente decide moverse ya que les diste lastima, es aquí cuando al fin te bajas una parada después pero al fin abajo y vivo. Llegas a tu destino no una sino dos horas tarde un poco despeinado y con una olor impregnado en ti no muy agradable pero llegas. Son un sinfín de cosas a las que te enfrentas en el transporte público, siempre están llenos, quizás el chofer no siempre ande de buenas, quizás no te paso tu tarjeta, o no se paró porque iba muy lleno. Pero estos son indispensables pues puede pasar un día sin que estos trabajen y es el fin del mundo, cada vez son más las personas que los utilizan, hay que aprenderlos a querer y a cuidar ya que sin el transporte público no llegaríamos a ninguna parte.

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